Las Grullas siguen Volando

Sitio de Poesía – Prolongación de "El Vuelo de las Grullas"

Pepe Torres: La Contundencia de la Tierra

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Pepe Torres es un escritor ecuatoriano, residente en Buenos Aires. Su obra polifacética se expresa a través de una musicalidad persistente que funciona como lenguajes simultáneos que tienen en común la expresión del maravilloso universo que es Ecuador y su vínculo con la tierra.

Reafirmamos en este caso lo que ya dijimos en otra entrega de “El Vuelo  de las Grullas”: la poesía se basa en una música sutil, silente que resuena en el propio interior y que debemos plasmar en el lenguaje con los vocablos adecuados. En el caso de Pepe, las aliteraciones y el magistral manejo de la onomatopeya, así como los términos propios de la cultura ecuatoriana con una base de quichua, logran poemas sonoros, rotundos; preñados de la Contundencia de la Tierra.

“El Vuelo de las Grullas” les ofrece hoy este genial escritor en sus propias palabras a través de los vídeos; de las lecturas de algunos fragmentos de su libro inédito “Palabreaderas”.

Como contrapunto, transcribiremos algunos trozos del conocido texto del jefe Seattle, de la nación Suwamish en el que responde al presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce. El mismo envía en 1854 una oferta al para comprarle los territorios del noroeste de los Estados Unidos que hoy forman el Estado de Wáshington. A cambio, promete crear una “reservación” para el pueblo indígena.


Cultura y Contracultura


¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.

Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?

Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.


Mundo Occidental y Mundo de la Tierra

No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.

¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.

Palabreaderas (1)

El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire -el animal, el árbol, el hombre- todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.

Palabreaderas (2)

Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.

¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.

Palabreaderas (3)

Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.

Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.

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Written by descalzo433

enero 25, 2011 a 7:41 pm

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